El azul latente

En mi cotidianidad viviendo en la ciudad, la apreciación de la naturaleza se ha vuelto algo cada vez más importante y relevante en mi vida, desde múltiples aspectos. La naturaleza es cada vez más escasa debido al crecimiento de los espacios urbanos, los cuales parecen no detenerse nunca y van reduciendo gradualmente las áreas verdes al ganar metros de concreto cada día en nombre del «desarrollo».

Durante los últimos años, reflexionando sobre esto, he comprendido que es de vital importancia buscar un contacto mucho más cercano con la naturaleza: hacer pausas, respirar, disfrutarla y apreciarla. En mi caso, utilizo la fotografía como la excusa perfecta para acercarme a ella, dejar que me sorprenda y aprender constantemente de sus formas. Además, busco a través de las imágenes inculcar en mi hijo pequeño esa misma apreciación, cuidado y respeto por el entorno natural.

Considero que la fotografía es uno de los medios más poderosos y flexibles que existen; desde sus inicios, cambió al mundo por completo. Permitió un registro real de nuestro entorno, cumpliendo desde siempre un rol de documentación impecable del ser humano a través del retrato, la memoria de las ciudades y la belleza inmensa y diversa de la naturaleza, desde sus detalles más grandes hasta los más mínimos.

En mi práctica fotográfica me he volcado hacia el uso de los procesos primigenios de la fotografía, atraído por las múltiples características que hacen tan especiales y vigentes a los métodos con los que nació este arte. A lo largo de su evolución, la fotografía atravesó profundas etapas de investigación y experimentación, dejándonos como legado diversos procesos históricos caracterizados por una estética permanente y de gran belleza. Desde que descubrí y experimenté con estas técnicas, mi amor por la fotografía se hizo aún más grande, permitiéndome utilizarlas para el registro e impresión de imágenes de la naturaleza.

La fotografía contemporánea suele estar marcada por la rapidez: la captura instantánea, el píxel perfecto y el resultado inmediato y efímero. Sin embargo, cuando me acerco a la naturaleza hago una pausa, respiro y disfruto de los espacios; trato de vivir el momento y apreciarlo para documentar esos instantes que luego llevo al papel mediante estos procesos antiguos.

En especial, hay un proceso al que le tengo un cariño profundo: la cianotipia. Creado en 1842, fue justamente el método utilizado para publicar el primer libro ilustrado con impresiones fotográficas de la historia, registrando algas británicas (cuyas copias aún se conservan en diversos museos europeos). Es por esto que, en mi trabajo de producción gráfica, vuelvo una y otra vez a la cianotipia como método de impresión. Es una de las técnicas más nobles y orgánicas del siglo XIX, caracterizada por un hermoso tono azul de Prusia que la distingue de los clásicos tonos en blanco y negro de la fotografía química tradicional.

Mi propósito es combinar mis vivencias en estos espacios naturales y llevarlas a la impresión mediante este proceso. Rodeado de áreas verdes, montañas y volcanes, eso es de lo que siempre quiero ser testigo.

Jorge Chavarría

@rulesjlca

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